sábado, 21 de agosto de 2010

Akratos y Anarchos no violento


A pesar de que teóricamente la Acracia y el Anarquismo tienen posturas diferentes respecto de cómo solucionar el problema del poder impuesto, su objetivo es esencialmente el mismo. Lo que persiguen ambas posturas es la liberación de la humanidad de aquellas entidades que le imponen un poder que no emana de su propia voluntad, ya sean leyes, costumbres o instituciones. La acracia y la anarquía critican que las autoridades y las normas buscan a través de la coerción que las personas se comporten respondiendo a un modelo que no corresponde a su propia ética, lo que significa un grave problema.

Sin embargo, el conflicto de la aceptación de la acracia y la anarquía por parte de la humanidad es muy grande y puede comprenderse de dos maneras (entre tantas otras).

Por un lado, el desarrollo de un discurso contrario a estos modelos, que resalta sus falencias y tergiversa sus postulados o aspiraciones, instala en la opinión pública un punto de vista de oposición temerosa y desaprobación moral con respecto a la acracia y anarquismo. Ejemplo de sobra es la "cacería de brujas" que se ha revivido últimamente en Chile con respecto a las agrupaciones anarquistas, las cuales son englobadas y tildadas por igual de "terroristas". Es cierto que hay agrupaciones anarquistas que defienden la postura de la liberación violenta con respecto a las instituciones, pero sería un grave error de razonamiento el presuponer que la totalidad de éstas responden a tal perfil.

Por otro lado, y continuando la idea anterior, la existencia de agrupaciones anarquistas que promueven la lucha violenta contra las instituciones, ha llevado a la opinión pública a formarse una clara imagen de lo que es ser ácrata o anarquista. Si bien no todas estas agrupaciones son violentas, es la agresividad y el miedo a la destrucción traumática de las cosas lo que ha marcado su definición en la mente de la mayoría de las personas.

Debido a lo anterior es que se hemos llegado a un estado de cosas en que la palabra anarquista o ácrata causa temor, inseguridad y uno que otro llamado telefónico a las autoridades policiales. Es debido al desarrollo de un discurso intencionadamente "demonizador" y a la existencia de grupos violentos, que la acracia y la anarquía se han convertido en sinónimo de apocalipsis o fin de todas las cosas buenas. Aunque desde una mirada que es menos pesimista puede simplemente entenderse como temor, pero aquel temor que inspira todo aquello que no conocemos, en este caso un futuro ácrata desconocido, incierto y quizás negativo.

A pesar de todo tengo una clara postura frente a la acracia y la anarquía: estas no deben ser violentas.

Mi punto de vista no tiene necesariamente que ver con una actitud pacifista y derivada de una aversión contra la violencia, más bien tiene que ver con un lógico punto de vista que dice relación con la legitimidad del poder. Es muy sencillo, la acracia se define como el "no-poder" que no necesariamente debe incluir su destrucción, sino más bien su negación. El poder coercitivo no debe ser eliminado sino desechado y no debe ser combatido, sino descartado. Es así que la acracia no debe combatir el poder (violentamente o no) puesto que esta acción LEGITIMARÍA instantáneamente al poder, de daría vida y estructura como un todo coherente, aceptado en calidad de enemigo.

Es por ello que las posturas filosóficas, políticas y sociales que responden a la negación del poder de unos sobre otros no deben tomar una postura violenta puesto que de esta manera estarían contradiciéndose al darle vida. El poder debe ser ignorado como cualquier estructura de pensamiento, pues somos nosotros quienes le damos legitimidad a éste y no así las armas, la cárcel o la opresión. Las autoridades y el poder no tienen fuerza por si mismos sino que somos los humanos quienes les damos vida.

De esta manera, por medio de la acracia (sin poder) la idea de recurrir a la anarquía (sin dirigente) se vuelve innecesaria puesto que le estamos negando toda posibilidad a alguien de ejercer coerción sobre nosotros y por lo tanto, la violencia se vuelve innecesaria. Sin embargo todo esto es un largo camino que requiere muchos esfuerzos y sacrificios personales pero que, no obstante, sería muy bueno emprender. Pero para ello debemos cambiar nosotros mismos y no esperar que otros nos digan lo que debemos hacer, que no abusemos los unos de otros, que no nos matemos los unos a los otros y que por sobre todo no ambicionemos más que lo que esencialmente necesitamos para existir.

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